
Foto de la presentación de Roken en Caracas, publicada originalmente por Espacionocturno.com
El sábado 15 de mayo de 2010, Gustavo Cerati presentó en Caracas (en la Universidad Simón Bolívar) el último concierto de su gira Fuera Natural. Luego del espectáculo, el artista presentó un cuadro de descompensación. Días más tarde fue revelado a la opinión pública que se trató de un incidente isquémico transitorio (ver infografía de Clarin.com).
La semana comenzaba mal para los fanáticos del cantante, quienes inundaron redes sociales y hasta convocaron vigilias para pedir por la salud del artista.
El caso ocupó tanto a periodistas como a fans, y tristemente, en muchos casos, sacó lo peor de ambas partes.
Por un lado, periodistas ávidos de reventar la noticia, de dar “el tubazo”, de reportar primero que nadie algo que aún no ocurría. Lo que normalmente hubiera sido la reseña de un concierto, de pronto se convirtió en “El último concierto de Cerati”. No el más reciente, ni el último de su gira Fuerza Natural: del último.
En la noche del 19 de mayo, el periodista Norberto Mazza anunció en su cuenta de Twitter:
Esta tarde se agravo el estado de G Cerati y segun fuentes responsables,se produjo su muerte cerebral.
Se le practico el test de Glasgow y arrojo un valor cero. No percibia luz,sonidos y no experimentaba dolor,tipico de muerte cerebral
En estos momentos hay hermetismo absoluto en la clinica,pero fuentes confiables aseguran que podria haber fallecido hace minutos
Luego de varias respuestas de usuarios de Twitter (entre ellos médicos), que indicaban que los datos eran erróneos pues no se le puede hacer una evaluación neurológica a un paciente sedado y la escala de Glasgow no puede indicar cero (el mínimo es 3), Mazza sólo repondió que sus fuentes eran responsables, que la información era buena. Una hora mas tarde escribió, sin embargo:
Atencion: por error de lectura se le adjudico valor cero al test de Glasgow, pero lo correcto es valor 6. Te todas maneras es muy bajo
Digo yo, como periodista, como persona con sentido común, como ciudadana de a pie: ¿y no se supone que uno debe confirmar la info antes de publicarla? ¿No se supone que al menos te toca, como profesional de la comunicación, responderle a la gente y prometer investigar datos sospechosos o inconsistentes?
También pude leer, tanto en Twitter como en Facebook, gente que pedía vigilias, cadenas de oración y otras acciones para procurar la pronta mejoría de Cerati. Y hasta sano me pareció. ¿Qué de malo puede haber en unirse para desearle el bien a otro?
Al parecer, lago malo había para un buen sector de venezolanos: ellos criticaban que Cerati obtuviera tanta atención del público, mientras que los males económicos, políticos y sociales de Venezuela seguían sin resolverse. Y me pregunto yo, ¿no es posible masticar chicle y caminar al mismo tiempo? ¿No se me permite rezar por la salud de Franklin Brito y la de Gustavo Cerati también?
Mientras pensaba esto, apareció en mi timeline de Twitter una frase de Ewald Scharfenberg ideal para avivar la reflexión:
Si la gente se preocupa por Cerati es porque tiene una conexión emotiva con él que no tiene con Simonovis o las ojivas nucleares, ¿no?
Cerati está en coma, ya es un hecho. El pronóstico es reservado. El estado es crítico. ¿Y esta situación qué saca de nosotros como venezolanos? Lo pregunto por los periodistas que usan juegos de palabras, fuentes dudosas y hasta por aquellos (que los hubo) que ansiosos por dar la primicia, mataron al cantante no menos de 10 veces entre sábado y miércoles. Lo pregunto porque me parece triste la gente que olvida que las personas tenemos nuestros afectos, nuestras pasiones, y que esas emociones son libres, aun en un país con situaciones políticas/económicas/sociales tan críticas como el nuestro. Uno puede quejarse de que hay inseguridad en las calles, pero también puede (tenemos el derecho) de sentir tristeza o expresar preocupación por un artista enfermo.
Si Cerati sale de esta (con o sin secuelas) o decide irse a ponerle poesía musical al cielo es harina de otro costal. Yo lo recordaré con sus ojos azules bien pintados que vi de frente cuando el 19 de diciembre de 2003 presentó Roken en Caracas. Pero hoy cargo esta piedrita en el zapato: me angustia un periodismo apresurado y me entristece una ciudadanía intolerante con los afectos íntimos de los demás. Han sido días grises en mi Caracas…
Reflexiones interesantes sobre el mismo tema:
Gustavo y Franklin